Mujer de bosque con alas y plumas. Antón Castro

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Mujer de bosque con alas y plumas. Antón Castro

 

Lina Vila ha invertido más de un año y medio en pintar y pintar. Pintar, grabar, dibujar, dar rienda suelta a sus obsesiones, que a veces adquieren la forma de la pesadilla o del cuento gótico, desbrozar de maleza y sombra los rincones secretos del corazón. Lina Vila se mueve en un territorio personal en el que convergen lo inmediato, la tupida flora de su jardín, y las suaves alas del delirio: unas plumas que caen sobre el musgo de un bosque, por poner un ejemplo. Hay en su estado de ánimo, y quizá siempre haya existido, un clima de desamparo y a la vez de exaltación: la forma cálida de la intemperie. El abandono. La soledad. La búsqueda. El dolor inefable e inconcreto, pero también el disparo de la luz, el fulgor del color.

La muestra ‘Escapar a la biografía’ no inaugura una etapa exactamente: la pintora prosigue sus tentativas, ensancha su meticulosa indagación en la naturaleza (o en fragmentos del paisaje, más bien) y ensaya, también hay que decirlo, algunos caminos nuevos, a la acuarela, con el lápiz acuarela o con esas puntas secas que tanto le gustan y que tan bien funcionan. Y regresa a uno de sus espacios más queridos: la galería A del Arte, donde hizo otra individual y varias colectivas. En esa galería simétrica, tan evocadora y limpia, su mundo halla un feliz acomodo. Los títulos parecen desnudar heridas, desgarros, inquietudes: hay piezas -más que piezas, aquí son series con varias obras: universos coherentes, compactos; heridas…- que se titulan ‘Puntaduras’, ‘Abrojos’, ‘Carencias’, ‘Final de una tarde de sol’, ‘Sin alas ni plumas’ o ‘En todo y por todo’… En Lina Vila los títulos son importantes: dan una idea de su actitud, de su estado de ánimo, de su propuesta estética y conceptual.

Pintora de lo circundante y de lo íntimo, de tempestades y de la contemplación, pintora que se asoma al jardín desde el balcón del abismo. La exposición tiene un tono muy coherente y quizá un elemento común: las flores. Y en particular, los cardos. Una pintora tan llena de referencias dialoga con otras artistas como Dorothea Tanning, en primer lugar, Georgia O’Keefe, maestra de las flores, Kiki Smith, etc. Son las afinidades electivas que Lina escoge. La artista busca su identidad y a la vez se muestra escurridiza; ese paradoja se refleja en dos espléndidas piezas con máscara; en una de ellas, con autorretrato incluido, la pintura parece recordar o rendir homenaje al relato de Judith y Holofernes. A Lina Vila le preocupan las imágenes. La tensión del color. La belleza exuberante o contenida, el arrebato y el dibujo anunciado, la fuerza seca de los cardos y a la vez la sugerencia de un torso. Hay mucho que ver y que sentir.

 

‘Escapar a la biografía’ es una exposición trabajada, de afanes, intensa, los cuadros y papeles de alguien que regresa con fervor y mucho oficio. Y que se reinventa sin contemplaciones. Su pintura nace de la vida, del sueño, de la quimera y se despliega con una subjetividad constante. Lina Vila se atreve a mostrar incluso la cocina de sus tentativas, los bocetos, los pasos previos, en el mural acucioso y coral ‘Pasatiempos (y vuelta a empezar)’.

(Artículo original en Heraldo de Aragón, 30 de octubre de 2014, Artes y Letras)

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